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Los 12 niños asesinos más sanguinarios de la historia

Los 12 niños asesinos más sanguinarios de la historia

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Cuando el origen del mal tiene cara de bueno.

A lo largo de la historia han ocurrido muchos casos de asesinatos, unos evitables y algunos no tanto.

La legislación es clara: prisión temporal, cadena perpetua o pena capital. Pero, ¿qué se hace cuando los asesinos son menores? ¿se puede evitar?

Os dejamos un resumen de algunos casos que más impactaron al mundo:

 

Joshua Phillips — 14 años.

En 1998, con tan solo 14 años, Joshua golpeó a su vecina de 8 años hasta provocarle la muerte.

Fue ensañamiento y su intención no era accidental: quería que muriese.

Después de eso y poseído por la improvisación, metió el cadáver de la pequeña en unas mantas y la escondió debajo de su cama mientras buscaba la forma de deshacerse del cadáver.

Cuando su madre, a los pocos días, descubrió el cuerpo debido al fétido olor, Joshua huyó de su hogar, pero no sin antes apuñalar con saña otras 11 veces el cadáver de la pequeña.

 

Brenda Spencer — 14 años.

Esta chica de 14 años tenía todo en la vida para ser feliz, pero lo perdió por un regalo de Navidad.

En las fiestas navideñas de 1978, Brenda recibió como regalo de parte de sus padres, un rifle.

En enero de 1979, la extraña joven decidió entrar con el arma en su instituto y cargar contra todo lo que se movía, hiriendo a ocho niños y matando a dos profesores. Justo después fue reducida e interrogada.

No tenía antecedentes de ninguna clase, ni padecía ningún trastorno.

Cuando le preguntaron por qué lo hizo su respuesta solo fue: “no me gustan los lunes”.

 

Jon Venables y Robert Thompson — 10 años.

Una de las historias de asesinato más aberrantes de todas.

En 1993 Jon y Robert, mejores amigos, se escaparon del colegio para irse al centro comercial de su ciudad. Allí, en una tienda de ropa, se toparon con James Bulger de dos años que andaba por la tienda alrededor de su madre.

Jon y Robert se lo llevaron de la mano y todo empezó como si fuese un juego. Incluso un vigilante de seguridad les dijo a la salida que dónde iban con un bebé de la mano, a lo que los niños dijeron que era hermano de uno de ellos y que su madre los estaba esperando en el coche.

Pero los dos amigos se llevaron andando al pequeño durante varios kilómetros a las afueras.

En un descampado, junto a las vías del tren, empezaron a golpearlo y tirarlo al suelo. Siguieron con patadas. Le arrojaron ladrillos, lo golpearon con una barra de metal y se tiraban sobre su estómago rompiéndole las costillas. Por si eso fuera poco, le quitaron el pañal y lo sodomizaron introduciéndole pilas y palos por el recto. Luego arrojaron sus trozos semivivos al tren que hizo el resto.

El crimen fue uno de los escándalos más grandes del Reino Unido. Hasta tal punto que tuvieron que ampliar las penas hacia menores.

De mayores obtuvieron una segunda identidad.

Robert vive actualmente con otro nombre y su marido

Jon ha sido arrestado varias veces por posesión de drogas y pornografía infantil.

 

Luke Woodham — 16 años.

Este chico sufría constantemente de las burlas de sus compañeros de instituto. La ruptura con su novia fue el punto final: todo su mundo se vino abajo.

El joven apuñaló a su madre. Luego cogió el rifle, la pistola de su padre y se dirigió al instituto. Allí buscó a su exnovia quien fue asesinada junto a una amiga que, en ese instante, estaba con ella.

Por último, hirió a siete alumnos más que pasaban por allí.

Cuando declaró en juicio, aseguró que había sido poseído por demonios manipulados por un amigo cercano.

 

Kipland Kinkel — 15 años.

La historia de este joven es bastante fuerte.

En 1998, después de que su padre lo castigara por la mala conducta que había tenido en el instituto y en su casa, Kip cogió un rifle y disparó a su padre. Se sentó tranquilamente en el sofá y esperó a que su madre llegara de comprar. Allí la asesinó con varios tiros en la cara, cabeza y pecho.

Después de arrastrar los cadáveres por toda la casa, los escondió y limpió el escenario. Tras ello, dejó una carta: “¡Acabo de matar a mis padres! No sé qué me está pasando. Los quiero mucho. Soy un hijo terrible, me siento triste. Ojalá me hubiesen abortado”.

Eso no fue todo, ya que después de eso llegó a su escuela y asesinó a varios estudiantes. Su intención era vengarse de unos “abusones” (cosa que hizo) y darse a la fuga. Esto segundo no lo consiguió.

 

George Stinney — 14 años. (primer niño condenado a muerte)

George Stinney de 14 años se convirtió en junio de 1944 en la persona más joven en ser ejecutada legalmente en los Estados Unidos en el siglo XX.

El joven fue condenado por el asesinato de dos niñas: Betty Jane Binnicker (11 años) y Mary Emma Thames (8 años). Ambas fueron encontradas en un agujero, con fracturas de cráneo.

Stinney confesó los crímenes y explicó que había intentado tener relaciones sexuales con una de las niñas, pero como se negó la mató a ella y a su amiga.

Fue juzgado como adulto y condenado a morir en la silla eléctrica. Aunque todavía hay polémica sobre si él fue o no el asesino pues existen muchas dudas con respecto al informe policial y a su testimonio oficial. A día de hoy, hay quien cree que aquello no sucedió así, fue una cabeza de turco y su ejecución un acto racista.

 

Mary Bell — 11 años.

Nadie se dio cuenta a tiempo pero Mary Bell tenía problemas.

En 1968 fue enviada a la cárcel junto a su amiga Norma por estrangular a un niño pequeño pero la policía las dejó en libertad porque declararon que había sido un accidente.

La edad de las niñas y las pruebas parecían demostrar que se trataba de un homicidio involuntario.

Sin embargo, meses más tarde, ambas niñas asesinaron nuevamente a un pequeño de tres años llamado Brian Howe. En esta ocasión, Mary Bell escribió con una navaja en el estómago del niño la letra “M” y además le arrancó su cabello y sus genitales.

 

Eric Harris y Dylan Klebold — 17 años.

Una de las masacres en colegios más famosas tuvo lugar en 1999.

Estos jóvenes entraron al centro con dos escopetas, una pistola, una bomba casera y varios dispositivos explosivos.

Con todo esto, los adolescentes realizaron numerosos disparos en la cafetería y en la biblioteca, matando a 13 personas e hiriendo a 24 alumnos.

Ese mismo día ambos se suicidaron en la biblioteca.

¿Los motivos? Nadie sabe.

 

Eric Smith — 13 años.

El pequeño pelirrojo de 13 años sufría los abusos constantes de sus compañeros que se burlaban de su color de pelo y de sus pecas, y un día decidió vengarse con un inocente.

El 2 de agosto de 1993, Eric asesinó al pequeño Derrick Robie de cuatro años y lo hizo de forma cruel.

Smith le destrozó la cara con piedras y luego, mientras se ahogaba en sangre, estranguló a su víctima sentado sobre su pecho.

En su declaración dijo “estoy harto de que todo el mundo me trate mal”.

 

Cristian Fernández — 12 años.

Cristian tuvo una vida durísima.

Su madre fue violada y embarazada a los 12 años. Su padrastro se suicidó frente a él con 6 años. A los 7 años asesinó a un gato solo porque lo arañó, y así muchas situaciones más.

La tarde del 14 de marzo de 2011, Biannela Marie salió de su casa y dejó a Cristian, el mayor de sus hijos, a cargo del cuidado de sus hermanos.

Cuando regresó por la noche, se encontró al más pequeño, de dos años, inconsciente sangrando por la nariz y los oídos, Cristian lo había asesinado.

“Me gusta la muerte” alegó en su testimonio.

La madre escapó de milagro y el niño fue arrestado antes de cometer una masacre.

 

Jesse Pomeroy — 14 años.

A finales del siglo XIX, Pomeroy era conocido como “El novio de Boston” ya que había secuestrado y torturado a ocho niños menores de 10 años.

Después de eso, Jesse siguió con su deseo de asesinar y mató a una pequeña de 11 años y a un bebé de cuatro años, al que acuchilló tantas veces que casi lo dejó decapitado.

Cuando se le detuvo por los crímenes solamente respondió: “Sí, supongo que los hice, ahora deténganme”.

 

Graham Young — 14 años.

Graham tenía una extraña fascinación por los venenos y los químicos, y de pronto su familia comenzó a ser víctima de muertes extrañas.

Primero, su padre cayó enfermo en circunstancias extrañas. Luego, su madrastra y su hermana cayeron en cama.

Todos compartían los mismos síntomas: diarrea, vómitos y dolores gástricos.

En 1962, la madrastra de Young murió por envenenamiento pero se achacó a una intoxicación.

Era un experto en interpretación: lloró durante todo el funeral de su madre y engañaba de forma asombrosa a policías y forenses.

El pequeño continuó haciendo eso con amigos y compañeros (un total de 11 niños cayeron presa de sus venenos), hasta que fue capturado.

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