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Góngora contra Quevedo

Góngora contra Quevedo

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Hay rivalidades eternas en el mundo literario: Sherlock Holmes y Moriarty, los tres mosqueteros y el cardenal Richelieu, Augusto Pérez contra el propio Valle Inclán, etc. Pero hoy hablaré de una famosa rivalidad entre autores de carne y hueso, no entre personajes de novelas.

Nos situamos en los años de la España imperial, en el Siglo de Oro de las letras. Dos célebres autores nacidos en el siglo XVI encarnarán una batalla dialéctica que durará, en vida, cerca de dos décadas.

En un lado de la pista tenemos a Luis de Góngora (1561-1627), nacido en Córdoba, poeta mayormente conocido por ser el principal referente de la corriente artística conocida como culteranismo o gongorismo. Esta consistía –resumidamente- en dotar a los textos de una oscuridad y complejidad semántica que dificultaba su comprensión a la vez que los cargaba de belleza estética. Para ello, el cordobés se servía de multitud de recursos retóricos y de la recuperación de cultismos. Una de sus obras más conocida es Fábula de Polifemo y Galatea.

Al otro lado, está Francisco Quevedo (1580-1645), nacido en Madrid, autor con bastante polivalencia creativa, puesto que es hacedor de tratados filosóficos, narrativa, teatro y sobretodo poesía. Es quizás el mayor representante del conceptismo en nuestro país, esta corriente consiste –resumiendo una vez más- en concentrar el mayor significado posible en el menor número de palabras, haciendo incluso, que estás creaciones tengan varios significados o interpretaciones. Con esta polisemia se presumía como cortesano de ingenio y capacidad lingüística. Su obra más conocida sea seguramente El Buscón.

Ya he presentado a los púgiles ¿Cómo y por qué se desarrolla la contienda? Pues Quevedo criticaba las innovaciones en el lenguaje que promovía Góngora, este, su vez, criticaba al joven madrileño por traducir mal las obras clásicas griegas. Lo que empezó como una polémica literaria se convirtió en odio personal, ambos se escribían el uno al otro sin tapujos y criticándose tanto en aspectos relacionados con el estilo artístico como con el físico. Quevedo achacaba a Góngora de parecer judío por su enorme nariz, además de ser muy dado al juego y de pretender complicarse demasiado para expresar cosas triviales. Góngora a su vez, criticaba la cojera del madrileño y su entrega al vino, de hecho, a veces lo llamaba ‘que bebo’ en vez de Quevedo.

Lo anecdótico y la polémica sigue viva entre estos autores más allá de su fallecimiento en el siglo XVII. En plena era global, si navegáis por redes sociales como Twitter, podréis encontrar actualizadas versiones 2.0. de estos escritores. Veréis cómo la idiosincrasia de sus insultos sigue intacta, solo que adaptándose al contexto histórico actual. No se lo pierdan, el espectáculo cultural está asegurado.

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