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Aviso: escuchar esta canción puede llevarte al suicidio

Aviso: escuchar esta canción puede llevarte al suicidio

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Muchas de las canciones que llevas escuchando toda la vida probablemente tengan una historia legendaria detrás de sus letras. Sin embargo, ninguna se acerca al relato de lo ocurrido con la canción “más triste de la historia”. Tanto, que la gente comenzó a suicidarse tras oír el disco en los años 1930. ¿O sería una coincidencia? La “coincidencia” contabilizó 167 muertes oficiales en las que un disco sonaba mientras el cadáver de un suicida aparecía a pocos metros. A ello, le sumamos las muertes no contabilizadas.

 

Gloomy Sunday, la canción asesina que se prohibió en Europa por peligrosa.

 

Soledad, oscuridad y música

Año 1933, el compositor húngaro Rezső Seress estaba trabajando como pianista en un restaurante de Budapest llamado Kispipa Vendeglo. El hombre, entonces con 34 años, estaba luchando por hacerse un hueco como compositor famoso, aunque todavía no había publicado ninguna canción.

Seress era natural de Budapest (1899). Músico autodidacta, trabajaba de pianista en un bohemio restaurante de la capital húngara, interpretando a menudo sus propias obras.

Cuando su novia de toda la vida lo dejó, probablemente fue el peor momento de su vida. Seress pasó a ser un personaje tremendamente deprimido y apesadumbrado y su carrera musical se convirtió en un fiel reflejo de ello. De hecho, el desencuentro amoroso que lo marcó en vida, también lo haría y de qué manera, en su carrera musical.

Rezső canalizó su tristeza en la composición de obras musicales. Con la ayuda de un letrista llamado Laszlo, Seress escribió una balada sombría, quizás la más sombría de cuantas se hayan escrito, la llamada “Szomord Vasarnap” o, en inglés (y como la conoce la mayoría del planeta), “Gloomy Sunday”. El tema era el lamento profundo de alguien cuya amante había muerto. Una composición que llevó al propio Seress a pensamientos de suicidio justo después de escribirla.

La composición del diablo

Rezső Seress en 1925

 

Gloomy Sunday fue su composición más importante. En un principio, iba a llamarse Vége a világnak (El mundo se acaba). La compuso en París en 1933, cuando Hungría estaba ya inmersa en ese periodo oscuro de fascismo, nazismo y comunismo. Es por ello que es una pieza que destila depresión y pesimismo, tal como indica su propio título. No obstante, ese sentimiento sería subconsciente porque la letra alude a una clásica historia de desamor, quizá metafórica, y en un tono lúgubre:

«Domingo sombrío con cien flores blancas / Te estaba esperando querida mía con una oración / Un domingo por la mañana, persiguiendo mis sueños / El carruaje de mis penas regresó sin ti / Desde entonces mis domingos han estado siempre tristes / Las lágrimas son mi única bebida y el dolor es mi pan…

Domingo sombrío / Este último domingo, querida, por favor ven a mí / Habrá un sacerdote, un ataúd, una lápida y una corona, / habrá flores para tí, flores y un ataúd / Bajo los árboles florecientes emprenderé mi último viaje / Mis ojos estarán abiertos para poder verte por última vez / No tengas miedo de mis ojos pues te desearé incluso en mi muerte… / En el último domingo.»

Desde entonces, Seress agregó “Gloomy Sunday” al repertorio de canciones que tocó en el restaurante donde trabajaba. A pesar de que había sido desgarrador escribirla, según sus propias declaraciones a la prensa (cada noche la audiencia se emocionaba al verle tocar el tema), pensó que era lo mejor que había escrito en su vida e hizo un gran esfuerzo por tratar de publicarla en alguna compañía.
Sabía que esa obra me daría fama y algo de dinero dinero, pero tocarla cada noche me quitaba un trozo de vida. Acababa destrozado, agotado y con un sentimiento terrible. Siempre tenía que parar la actuación justo después para respirar aire fresco.

¿Éxito o desgracia?

El compositor envió la canción a productores en Hungría, Francia e Inglaterra. Todos la rechazaron y todos por la misma razón. Como dijo un tipo en una de las cartas de rechazo que recibió: “Son terribles los sentimientos que arrojas, la desesperación que muestras. No creo que hagamos ningún bien a nadie si la publicamos para que escuchen una canción como esta”.

Finalmente, en 1935, un productor de música acordó lanzar “Gloomy Sunday”. La canción se convirtió en un éxito moderado que, en un principio, proporcionó a Seress unos ingresos un tanto modestos por los derechos. En cualquier caso, parecía que las cosas comenzaban a mejorar. Pero no…

Seress trató hasta cuatro intentos de suicidio tras tocarla en vivo entre 1935 y 1936 (“la canción me poseía cada vez que la tocaba”). Intentos frustrados por los propios testigos: arrojarse al tren, tirarse al vacío… (“no era yo, algo dentro de mí decía que era eso lo que tenía que hacer”).

Tras varios estudios médicos, nadie encontró delirios y su salud mental era normal.

 

Sucesos extraños

Según cuentan muchos relatos que han surgido alrededor de la canción, los problemas comenzaron en febrero de 1936 cuando la policía de Budapest investigó la primera de una serie de extrañas muertes.

Joseph Keller, un zapatero, fue encontrado muerto con una nota de suicidio que constaba de las palabras “Gloomy Sunday”, junto a una solicitud para que su tumba se decorase con cien “pequeñas rosas blancas” mencionadas en la canción, que en aquel entonces era popular.

Los periódicos húngaros informaron de la conexión entre el suicidio y la canción y, como pasa todavía hoy, un hecho así supuso que la morbosa curiosidad disparase las ventas de las partituras de la pieza.

Partitura de la canción original

 

Como le dijo un tipo en una de las cartas de rechazo que recibió: “Son terribles los sentimientos que arrojas, la desesperación que muestras. No creo que hagamos ningún bien a nadie si la publicamos para que escuchen una canción como esta”

 

Sin embargo, y aquí comienzan a ponerse las cosas muy feas, también se multiplicaron la cantidad de suicidios presuntamente relacionados con la canción. Casos como los siguientes:

  • Mayo de 1936: se encontraron dos personas en el río Danubio de Budapest, cada una con la partitura de “Gloomy Sunday” en sus manos.
  • Mayo de 1936: Cuando una banda de músicos callejeros interpretaron la canción, dos personas se pegaron un tiro enfrente de ellos.
  • Julio de 1936: Un hombre entró en un club nocturno y le pidió a la banda que tocara “Gloomy Sunday”. Lo hicieron, el tipo salió a la calle, y se pegó un tiro.
  • Agosto de 1936: Los medios reportaron el caso de una familia adinerada. Durante una cena en la mansión, la canción llegó hasta los cuartos de los sirvientes. Al parecer, seis doncellas la escucharon y se cortaron la garganta mutuamente.
  • Agosto de 1936: Otro pianista de club se arrojó al tren en un ataque tras tocarla: se desnudó y en gritos de desesperación se lanzó a las vías del tren.
  • Noviembre de 1936: Un padre sin problemas aparentes quemó su casa de madrugada asesinando a su esposa y tres hijos mientras escuchaba en bucle la canción. Él sobrevivió y en su declaración dijo “no sé qué me pasó, algo me empujó a hacerlo”. Tampoco fue diagnosticado por la justicia como persona con delirios.

Y aún quedaba el giro más extraño de todos. Una mujer de Budapest que se suicidó al beber veneno fue identificada posteriormente como la ex novia de Rezso Seres, la inspiración, la musa para la canción. Su nota de suicidio consistía en dos palabras. ¿Adivinan? Sí, sólo dos palabras: “Gloomy Sunday”.

 

Una canción peligrosa

Después de que, sólo en 1936, 29 suicidios y 36 crímenes en la ciudad estuvieran relacionados con el tema, la policía de Budapest tomó medidas excepcionales. Las autoridades pidieron a músicos, orquestas y emisoras de radio que dejaran de tocarla. También ordenaron a las tiendas que dejaran de vender sus partituras y grabaciones.

Dicho de otra forma, se prohibía en el país todo lo que tuviera que ver con la obra de Seress.

 

La “maldición” cruza fronteras

Durante 1936 la canción original llegó a algunas radios inglesas, francesas, alemanas y estadounidenses.

Se contabilizan (ojo, y hablamos de informes policiales) los siguientes suicidios entre 1936 y 1937 tras escuchar la canción:

  • 34 en Reino Unido.
  • 28 en Francia.
  • 32 en Estados Unidos.
  • 17 en Alemania.

La canción fue prohibida en todos los países en 1937 bajo multa y recibió la orden de no emitirse más por radio.

Sin embargo, incluso con la prohibición los efectos mortales de “Gloomy Sunday” continuaron. Impulsada por la controversia sobre lo que la prensa había comenzado a llamar “la canción del suicidio húngaro”, Gloomy Sunday se convirtió en una leyenda en toda Europa. Y en los meses siguientes estuvo relacionado con más suicidios, incluido un tipo en Berlín que se ahorcó con las partituras a sus pies, o un hombre en Roma que escuchó a un mendigo cantar la canción y luego saltó de un puente.

¿Qué demonios estaba pasando? ¿Puede una canción inducir al suicidio? ¿Por qué tantos casos?

 

Gloomy Sunday y el caso de Estados Unidos

Ya se ha dicho de los efectos que tuvo la canción tras desembarcar en los Estados Unidos pero algunos vieron en ello un filón económico al que sacar negocio.

La curiosidad sobre la canción llegó muy pronto a varios productores de Estados Unidos pero la prohibición internacional derribó todo intento de lucro de un plumazo… salvo excepciones.

Un compositor de Hollywood llamado Sam M. Lewis compuso una traducción al inglés. En 1937, Hal Kemp y su orquesta grabaron el tema, eran una de las bandas más populares de la época. Al parecer, les tomó mucho tiempo porque la partitura le molestaba a los músicos y la grabación se realizó en condiciones difíciles.

Desafortunadamente, varios miembros de la banda acabaron quitándose la vida justo después de la grabación.

¿Coincidencia o algo más?

 

La versión de Billie Holiday

Billie Holiday

En el año 1941 llegó uno de los momentos más importantes para el tema: Billie Holiday grabó la canción, posiblemente la versión más famosa, la cual se convirtió en un éxito de ventas en Estados Unidos e Inglaterra.

Sin embargo, la productora de Holiday, asustada de que se produjeran más suicidios, contrató al propio Sam M. Lewis (traductor original al inglés) para que agregase un tercer verso algo más “alegre” a la canción. En esta traducción, la letra dice finalmente que la pérdida y la desesperación fueron solo un sueño y que todo era realmente genial.

¿Funcionó? Tampoco. El final feliz no ayudó, y a finales de ese mismo año, una mecanógrafa neoyorquina se suicidó, pidiendo antes en una carta que se tocara la versión de Holiday de “Gloomy Sunday” en su funeral.

Llegados a este punto, y debido a toda la histeria que existía sobre la canción, la radio de la BBC en Inglaterra toma una decisión insólita en su historia. El tema solo se tocaría bajo una versión instrumental.

Ni por esas. Un día de 1941, un agente de la policía de Londres escuchó la versión de la cadena que se reproducía desde una ventana. El problema es que llevaba una hora sonando en bucle. Cuando acudió a la casa, se encontró un fonógrafo que reproducía la canción junto a una mujer muerta que sostenía un bote de pastillas vacías. Después de eso, la BBC prohibió todas las versiones de “Gloomy Sunday”, una prohibición que se mantuvo vigente en Reino Unido hasta el año 2002.

 

La maldición personal de su autor

Seress intentó quitarse varias veces sin éxito pero su destino parecía ser otro: el de ser testigo de todas las desgracias que ocurrían a su alrededor.

Durante la Segunda Guerra Mundial fue detenido y pasó por los campos de concentración en Ucrania pero pudo sobrevivir al Holocausto, aunque sus padres y hermanos, no.

Tras la guerra se llevó una nueva decepción al encontrarse con que, pese a que simpatizaba con el comunismo, éste desconfiaba de él por su éxito entre el público norteamericano y jamás le dejaron entrar en las filas comunistas.

La compañía de discos húngara quebró en 1939 y culparon a Seress por la prohibición de su canción: tuvo que indemnizarles con un dinero que apenas tenía y que supuso su ruina.

Tampoco recibió más contratos y por un fallo burocrático, perdió todos los derechos de autor en 1940.

Ya en los años 50, su mujer y su hijo murieron en un accidente de tráfico del que él salió ileso.

Tras ello, tuvo una vida repleta de enfermedades: tisis, difteria, ceguera parcial y una gangrena que acabó con la amputación de su brazo izquierdo.

Finalmente murió en 1968 el día de su cumpleaños. ¿Cómo? mediante suicidio: saltó por una ventana de Budapest mientras escuchaba su canción en un tocadiscos. A la enésima ocasión consiguió, al fin, quitarse la vida.

 

El morbo y la música

Hoy día, la canción sigue siendo la favorita de cientos de músicos y melómanos, tanto por su letra y melodía inquietante, como por su oscura leyenda.

De hecho, las versiones se han multiplicado en los últimos años con artistas como Ray Charles, Lou Rawls, Marianne Faithfull, Bjork, Sinead O’Connor o Elvis Costello.

Sin embargo, la versión de Billie Holiday es la más famosa.

 

Su “maldición” llega hasta tal punto que la mayoría de personas creen que es una canción de Holiday y no de Seress.

En 2006 se hizo una película que trataba la historia: “La caja Kovak” donde la canción era usada para provocar la muerte (suicidio) de varias personas.

 

¿Te atreves a escucharla?

Y, como no, te dejamos la pieza original tocada por el propio Seress en 1936.

¿Te atreves a escucharla en bucle, con los ojos cerrados y a decirnos qué sientes?

PD: No nos hacemos responsables de lo que hagas después.

Si quieres, dale a PLAY:

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